«No tengas prisa por irte, aprende a ganar unos años más».
El ambiente en el que vives, los pensamientos que tienes, el tipo de alimentos que ingieres, el contacto que mantienes con la naturaleza, el tiempo que permaneces sentado o sin moverte al día, el que estás bajo techo o en el interior, las horas que inviertes en el sueño nocturno, el tipo de agua y la frecuencia con que la bebes, la exposición a la luz del sol a la que te sometes, los cosméticos que utilizas, incluida la crema de protección solar, las relaciones sociales que mantienes, el déficit de algunas vitaminas, el uso de la tecnología, etc., influyen y determinan tu salud mucho más de lo que podrías imaginar.
Afortunadamente, las patologías adquiridas a lo largo de los años por malos hábitos son reversibles y tienen cierta plasticidad. Todo lo que hagas y pienses produce un cambio en la expresión de tus genes, así que enfermar no es en absoluto una cuestión de mala suerte.