Rimbaud abandonó las letras a los diecinueve años para dedicarse al contrabando en África, en un desesperado intento por olvidar su mundo y su pasado. Whitman entendió que una de las maneras de alcanzar el ideal democrático que su nación prometía era desistir de la exaltación de ídolos y dioses, herencia de la tradición clásica. Emily Dickinson creyó renunciar al universo pero se quedo con el lenguaje, que contiene todas las cosas. Lord Byron se convirtió en el mayor héroe romántico de la historia al dejarlo todo para luchar por la libertad de los pueblos sojuzgados.