Oriente y Occidente han observado la realidad de manera distinta durante siglos, y por tanto la han reflejado con notables diferencias en sus respectivas tradiciones artísticas. Uno de los aspectos más atractivos de la estética japonesa es que, a nuestros ojos, nos resulta fascinante por distinta: si en Occidente priman valores como el orden, la simetría y la progresión lógica, en Oriente, y particularmente en Japón, los criterios dominantes son otros.
Este tratado estético, escrito con un conocimiento profundo del arte japonés y con un lenguaje tan claro como hipnótico, es el acceso ideal a un mundo rico de estímulos, provocaciones y delicias. Una manera rápida y eficiente, por tanto, de comprender la visión particular de Japón sobre la belleza de las cosas y el orden de la naturaleza, que desde nuestra comprensión occidental del arte nos puede resultar tan alternativa como complementaria. O lo que es lo mismo, tan provocativa como enriquecedora.