Una mañana cualquiera, Sigismundo -el perrito más tierno de toda la pandilla- evita que Rosita tenga un accidente en el río. Desde ese instante nace entre ellos una linda amistad. Pronto descubren que pueden hablarse a través de cartas que viajan gracias a las palomas mensajeras.
Pero la alegría no dura mucho: Tito y Pepita sienten unos celos irrefrenables, empiezan a interceptar los mensajes y a cambiarlos por versos ofensivos y furiosos. ¿Podrán Tito y Pepita dejar a un lado la envidia y comprender que Sigismundo ha encontrado su primer y gran amor?