¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?. Con esa convicción de lector y esa inocencia desbordada, se presenta Felipe, el tímido soñador de las tiras de Mafalda. Paladín del aplazamiento, conviven en él la ternura y la pereza, el miedo y la bondad, una imaginación sin límites y un rechazo casi filosófico al colegio. Por eso tantos lectores se han reconocido en su extraordinaria humanidad y en su celebérrima pregunta existencial.