Cosas que pasan más allá de las páginas de los libros

¿Alguna vez has pensado en la huella que dejan tus libros? Cuando tenemos un libro en nuestras manos, nuestra mente se va caminando por las páginas, siguiendo letras, palabras, frases e imágenes y confiando en que nos llevan a lugares que queremos visitar, sea a través de un relato de ficción o de datos y reflexiones sobre la realidad que nos rodea. Es innegable que los libros dejan una huella en nuestras vidas y en la manera en la que percibimos y habitamos el mundo.

 

Sin embargo, no solemos pensar en las otras huellas que dejan los libros; en cómo cada libro fue parte de un árbol, y cómo ese árbol, después de ser talado, tuvo que pasar por procesos industriales, hacer largos viajes en camiones (e incluso barcos y aviones), requirió agua, energía, compuestos químicos y mano de obra para ser convertido en papel, que tuvo que ser cortado, impreso, vuelto a cortar, requirió empaques y embalajes, transporte y manipulación, selección y clasificación… todo para poder llegar ahí donde lo encontramos: en la estantería de una librería, esperando a encontrarse con nuestra curiosidad.

 

Todas las actividades humanas dejan algún tipo de huella en el planeta. En 9 ¾ nos gusta creer que los libros dejan huellas de reflexión y aprendizaje que compensan de alguna manera la huella ambiental de su producción. Sin embargo, también nos parece importante seguir haciéndonos preguntas sobre ese impacto ambiental, y eso nos ha motivado a crear una campaña que solo funcionará si tú te unes y nos ayudas a hacerla posible: queremos reducir el uso de plástico con el que se envuelven los libros.

 

Los libros son objetos que invitan a ser observados y manipulados. Algunos nos llaman a ver las formas de las letras, el tamaño de las márgenes, la distribución de los párrafos. Otros atraen nuestras manos y nuestra mirada, exploramos los colores, las texturas, las formas.

 

Los libros son objetos fascinantes, y quienes tenemos afición por ellos desarrollamos una especial sensibilidad a las sutilezas de su existencia y a las maneras en las que consideramos que es adecuada su manipulación. Por ejemplo, mientras que algunas personas prefieren tener libros inmaculados, que aunque lleven años siendo leídos y releídos aún parezcan recién sacados de la librería, otras personas prefieren que sus libros reflejen toda la exploración y emoción que suscitan, llenos de notas en los márgenes, o con esquinas que pueden estar un poco “aporreadas” por sobrevivir a largos viajes dentro de mochilas que recorren kilómetros de distancia acompañando a sus lectores alrededor del mundo.

 

Por supuesto, no todo se adapta solamente a  esos dos extremos. Hay historias menos felices, de libros que incluso después de recorrer el mundo siguen estando impecables… posiblemente porque no fueron manipulados en absoluto y se quedaron olvidados en el fondo de una maleta. Y también hay libros que sin haber salido de la librería ya reflejan en sus páginas el paso del tiempo, de las miradas y las manos curiosas, y paradójicamente, debido a su atractivo que invita a la manipulación y la observación, terminan quedándose en las estanterías pues pocas personas quieren comprar un libro nuevo que no parece nuevo.

 

Volviendo a asuntos prácticos de la huella que dejan en el planeta, son esos últimos —los que son manipulados por posibles lectores y terminan siendo rechazados por no parecer libros nuevos— los que nos preocupan en este momento y sobre los que queremos conversar en esta publicación.

 

Algunos libros (especialmente los de producción nacional) llegan a 9 ¾ con un envoltorio de plástico que tiene como finalidad protegerlos del polvo, la humedad y posibles daños generados por la manipulación en el proceso de transporte y entrega. Ese envoltorio protege el libro, sí, pero también impide que miremos cómo es por dentro, algo que a muchos lectores nos gusta hacer antes de decidirnos a comprarlo.

 

Otros libros (casi siempre los que son importados) no tienen ese envoltorio, permitiendo la manipulación y observación, pero dejando el libro “vulnerable”, y haciendo que sea mucho más fácil que sus páginas sean maltratadas, que se manche y se ensucie, y que —por lo tanto— después sea difícil que alguien quiera comprarlo.

 

Eso nos pone en aprietos. Por un lado, entendemos que los lectores quieran ver los libros antes de decidir si se los llevan a sus casas, especialmente aquellos que están llenos de imágenes. Por otro lado, queremos proteger los libros, pues sabemos que los que están maltratados no se venden, y así no solo perdemos nosotros sino que se desperdician los recursos que se invirtieron en su producción. Y a eso debemos sumarle un asunto adicional: a muchas personas les gusta manipular y ver los libros sin envoltorios plásticos, pero luego, al comprarlos, quieren llevarse los libros que sí están envueltos.

 

Somos una librería pequeña, y para muchos de los libros que tenemos exhibidos tenemos pocas unidades disponibles… eso quiere decir que no podemos permitirnos tener libros “de muestra” que sean solo para ver y manipular, y luego otros que sean solo para vender.

 

Para tratar de hacer frente a esa situación, durante un tiempo hemos estado envolviendo los libros en Vinipel (film de plástico elástico) para protegerlos y lograr que estén en buen estado cuando alguien los quiere comprar. Pero nos preocupa la huella ambiental de esa práctica, sobre todo considerando que cada semana hemos estado tirando a la basura más de 4 kilos de ese envoltorio fabricado en plástico (¡o sea alrededor de 200 kilos al año!). El plástico es un material que requiere procesos industriales que consumen mucha energía y recursos, que es fabricado con recursos no renovables y que no se degrada, permaneciendo y generando contaminación en los ecosistemas durante siglos. Si bien algunos plásticos pueden ser reciclados, el proceso es caro, complejo y requiere grandes cantidades de agua y energía, y todo para dar como resultado un producto de menor calidad que tarde o temprano se convertirá en basura, llenando aún más de contaminantes este planeta que ya hemos maltratado tanto.

 

Prácticamente todos los objetos que nos rodean tienen al menos alguna parte de plástico. Diariamente consumimos productos que vienen empacados en plástico, y cualquier persona que salga a la calle, que vaya a un parque, o a caminar al bosque o visite una playa ha visto con sus propios ojos hasta dónde llega la contaminación que los humanos estamos generando con ese material. Estamos rodeados de plástico, y es inevitable usarlo en ciertas cosas, así como es inevitable generar impacto ambiental con nuestros hábitos.

 

Sin embargo, nos hacemos —y te hacemos— la pregunta: ¿vale la pena sumar más plástico desechable al mundo, solo por evitar tener un par de huellas dactilares en un libro que igual, en la medida en lo que leemos y disfrutamos, va a terminar por desgastarse un poco? Nosotros creemos que no, y por eso te invitamos a que nos apoyes en esta campaña.

Para eso, compartimos un manifiesto de 5 puntos que queremos que compartas

 Para eso, compartimos un manifiesto de 5 puntos que queremos que compartas

1- Creemos que los libros son herramientas que sirven para cambiar el mundo, y que vale la pena que existan. Nos comprometemos a seguir aprendiendo, y cuestionando, para que así la huella positiva de aprendizaje que dejan los libros en nosotros compense de alguna manera la huella ambiental de su fabricación.

 

2- Entendemos que en el momento en el que tomamos un libro de una estantería en una librería, no solo estamos tomando en nuestras manos un objeto, sino también un proceso. Estamos tocando no solo las páginas impresas, sino todos los recursos que se usaron para producirlas, aunque no los estemos viendo. Valoramos esos recursos, y por eso manipulamos los libros con cuidado, no solo en librerías, sino también en casa y en las bibliotecas.

 

3- Cuidamos los libros aunque no sean nuestros. Cuando queremos hojear uno en una librería, lo hacemos con cuidado, pues sabemos que si no lo compramos nosotros alguien más lo hará, y seguramente valorará el hecho de que el libro esté en buen estado, así como nosotros valoramos el hecho de encontrar libros bien cuidados cuando decidimos comprarlos.

 

4- Aceptamos que los libros no solo cuentan historias a través de las palabras o imágenes que contienen, sino a través de su estado físico. Por lo tanto, no rechazamos un libro solo por el hecho de que haya sido manipulado, pues muestra que es un libro que ha despertado interés de muchas otras personas. El hecho de que no esté empacado en plástico no significa que no esté nuevo o que no sea digno de que lo llevemos a casa con nosotros.

 

5- Si queremos poder ver libros sin envoltorios plásticos en las librerías para poder observarlos y recorrerlos antes de decidir comprarlos, entonces aceptamos que debemos estar abiertos a comprar libros que no están envueltos en plástico. Esto es una cadena de cuidado: cuidamos lo que queremos comprar, y también lo que decidimos no comprar, para que otras personas puedan beneficiarse de ese cuidado.



 

¿Te habías hecho alguna vez preguntas sobre la huella ambiental de los libros? ¿Habías pensado en el enorme impacto de esos envoltorios de plástico? ¿Sumarías algún punto al manifiesto? ¡Te esperamos en los comentarios!